“FORMACIÓN
DE LA OPOSICIÓN Y FRAUDE ELECTORAL DE 1988”
Todavía hasta 1982, el PRI ganaba ampliamente las elecciones en todo el país, fuesen federales o locales. Ese año, el candidato presidencial del PRI, Miguel de la Madrid, se llevó los comicios con 70% de los votos, dejando que seis aspirantes de la oposición se repartieran el 30% restante, del cual la mitad fue para el panista Pablo Emilio Madero.
En aquellos tiempos, el PRI había atraído a su órbita a partidos de oposición que eran conocidos por los politólogos como “satélites”. Habría que agregar al Partido Socialista de los Trabajadores, después rebautizado como Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (PFCRN, o “ferrocarril”, como se le llamaba popularmente).
Con estos partidos convivía el PAN, único que podría considerarse de oposición real en aquellos tiempos del carro completo.
En 1976, una crisis en Acción Nacional llevó a que ese partido no postulara candidato presidencial, por lo que el único aspirante en la boleta fue el priista José López Portillo, también postulado por el PARM y el PPS, igual que lo habían sido Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría.

Por esa situación de candidato único –junto con el hecho de que la verdadera oposición de izquierda se encontraba en la clandestinidad, la guerrilla o la cárcel, a raíz de los hechos de 1968 y 1971–, el gobierno de López Portillo permitió la participación en las elecciones de los partidos Comunista Mexicano (PCM) y Demócrata Mexicano (PDM) a partir de 1979.
La ampliación de los espacios para la oposición real continuó durante el gobierno de De la Madrid, con el registro de los partidos Mexicano de los Trabajadores (PMT) y Revolucionario de los Trabajadores (PRT), que postularon candidatos en las elecciones legislativas federales de 1985.
Tres años después, hizo agua ese esquema de convivencia del PRI con una oposición palera y otra real, pero débil. El PARM, el PFCRN y el PPS abandonaron el redil y formaron el Frente Democrático Nacional, que postuló a la Presidencia a Cuauhtémoc Cárdenas.
El régimen se había roto desde adentro, con una división entre los políticos tradicionales y los tecnócratas que venían en ascenso desde mediados de los años 70 y que llegaron a la Presidencia en 1982.
Hay quienes piensan que de haber obtenido Manuel Bartlett la postulación del PRI en 1988, Cárdenas no habría sido candidato de oposición, pues los políticos tradicionales lo veían bien. Pero el candidato fue Carlos Salinas de Gortari y pasó lo que pasó.
La relación entre el PRI y la oposición no fue la misma a partir de 1988. Es cierto que el PARM, el PPS y el PFCRN no acompañaron a Cárdenas en la formación del Partido de la Revolución Democrática (PRD) –que utilizó el registro electoral que originalmente había sido del PCM– y se volvieron a alinear con el PRI en el sexenio de Salinas. Pero esos partidos perdieron su registro al poco tiempo.
Por otro lado, la elección federal de 1988, en más de un sentido, constituye una elección crítica que puede analizarse desde muchas perspectivas.
Al respecto, postulamos que en la elección de 1988, se hizo evidente que los patrones de comportamiento del electorado que se habían observado durante muchos años se modificaron significativamente, al grado de que es posible hablar de un realineamiento electoral. Esto significa que no solamente presenciamos un cambio entre las principales variables del comportamiento electoral (participación y preferencia partidaria), sino, sobre todo, un cambio en la relación entre esos aspectos del comportamiento electoral y algunas de las más importantes características sociales y regionales del país.
La paradoja política de 1988

Los resultados oficiales de las elecciones federales de 1988 constituyeron una paradoja política que es necesario entender con claridad si se quiere comprender el momento político de México: por una parte, arrojaron una victoria apabullante para el Partido Revolucionario Institucional (PRI); por la otra, son parte integral de una severa crisis del sistema de partido hegemónico que durante décadas ha imperado en México. Una anécdota política sirve para ilustrar las dimensiones de la paradoja. Cuando la polvareda de la jornada electoral aún no se disipaba, el PRI realizó su tradicional fiesta de la victoria. El ambiente en las instalaciones del partido oficial paso de festivo a tenso, pues los organizadores habían venido aplazando la hora del anuncio. Los retrasos eran consecuencia de la famosa “caída del sistema” de cómputo y difusión de los resultados. Finalmente, ya muy entrada la noche del 6 de julio de 1989, el líder nacional del PRI, Jorge de la Vega Domínguez, anunció la “clara, contundente e indiscutible victoria” del candidato presidencial de su partido. El candidato, en cambio, tuvo que esperar un poco más para declararse ganador.
Cuando finalmente lo hizo, dirigió un discurso a sus correligionarios. En una parte del discurso, el candidato Salinas de Gortari declaró gustoso que “había llegado a su fin la época del partido prácticamente único”. Esto es, el candidato del “partido prácticamente único” ¡festejaba el fin del sistema de partido que lo había encumbrado! A nadie debe sorprender que semejante mensaje disgustara a tirios y troyanos: disgustó a los priistas porque con ese acto su candidato no sólo mostraba ingratitud, sino que además mentaba la soga en casa del ahorcado; irritó a los opositores porque a ellos simplemente no les quedaba claro aquello de que los resultados sellaban el fin del partido prácticamente único.
Cuando finalmente lo hizo, dirigió un discurso a sus correligionarios. En una parte del discurso, el candidato Salinas de Gortari declaró gustoso que “había llegado a su fin la época del partido prácticamente único”. Esto es, el candidato del “partido prácticamente único” ¡festejaba el fin del sistema de partido que lo había encumbrado! A nadie debe sorprender que semejante mensaje disgustara a tirios y troyanos: disgustó a los priistas porque con ese acto su candidato no sólo mostraba ingratitud, sino que además mentaba la soga en casa del ahorcado; irritó a los opositores porque a ellos simplemente no les quedaba claro aquello de que los resultados sellaban el fin del partido prácticamente único.
La corrupción es un grave problema en México, y desde hace casi cuarenta años se ha intentado combatirla. Después del desastroso gobierno de José López Portillo, Miguel de la Madrid, generó toda una campaña mediática en contra de la corrupción a la que denominó “La Renovación Moral” y para ello creó la Contraloría General de la Federación, la cual ante su fracaso Vicente Fox la transformó en lo que hoy es la Secretaría de la Función Pública.
Puedes conocer más en: https://youtu.be/haqtx9ZpeH8
REFEREN
Gloria M. Delgado de Cantú. (2015). Historia de México legado historico y pasado reciente. México : Pearson Educación.
Gloria M. Delgado de Cantú. (2015). Historia de México legado historico y pasado reciente. México : Pearson Educación.
IVAN E. SALDAÑA. (2018). A 30 años de la caída del sistema; elecciones 1988. Junio 12, 2020, de Excelsior Sitio web: https://www.excelsior.com.mx/nacional/a-30-anos-de-la-caida-del-sistema-elecciones-1988/1250619
Beltrán, P.. (2018). Oposición. Junio 12, 2020, de Excelsior Sitio web: https://m.excelsior.com.mx/opinion/pascal-beltran-del-rio/oposicion/1258470
Molinar, J. & Weldon, J.. (2014). Elecciones de 1988 en méxico: crisis del autoritarismo. Junio 12, 2020, de Elsevier Sitio web: https://www.elsevier.es/es-revista-revista-mexicana-opinion-publica-109-articulo-elecciones-1988-mexico-crisis-del-S1870730014709044
Anónimo. (2012). Historias Macabras del PRI: El Fraude Electoral de 1988. Junio 12, 2020, de SDP Sitio web: https://www.google.com/amp/s/www.sdpnoticias.com/amp/columnas/historias-macabras-fraude-pri.html
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